El 4 de agosto de 2011 nuestra primera y muy novata selección hizo su estreno internacional en el mundial de Ferrara con victoria ante un combinado asiático por ausencia de Ghana, nuestro teórico primer rival. Tras la fase de grupos, una derrota por 46-47 contra Francia terminó dejándonos en duodécimo puesto. No mucho después en Essaouira, Marruecos, la selección española fue la primera europea en jugar un partido contra un rival africano, nuestro anfitrión, al que derrotamos con un reñido 39-36.
Más adelante, en octubre de 2012 la selección femenina hizo su debut internacional en el torneo francés de Pont de Vaux.
Desde entonces hemos participado en cinco campeonatos europeos y dos mundiales, así como en nueve ediciones de los campeonatos Geneva Indoors (Ginebra), donde los más jóvenes han obtenido tres oros, dos platas y cinco bronces en diferentes categorías. También hemos estado presentes en torneos amistosos internacionales y algunos equipos españoles han competido tanto en la Winners como en la Silver Cup, máximas competiciones europeas por equipos.
Sin salir de nuestro país, la AETB ha impartido más de treinta cursos de formación a diversos niveles y ha organizado o participado en más de setenta torneos o encuentros, en Andalucía, las dos castillas, Asturias y, especialmente, en la Comunidad de Madrid, donde existe un núcleo más asentado de jugadores. Martos, en Jaén, ha acogido dos campeonatos de la modalidad de Tchoukball-Pradera, y Estepona y Alicante han hecho lo propio con el Tchoukball-Playa.
Más allá de su implantación inicial en 2011, los hitos más importantes del tchoukball español han sido, probablemente, dos: la creación en 2015 de la Liga Española de Tchoukball, que se ha mantenido sin más interrupción que la impuesta por la pandemia de covid, y la medalla de bronce lograda en categoría masculina en el Campeonato de Europa de Ferrara 2024. Este último logro debe tanto al talento de una generación de jugadores jóvenes como a la visión de los veteranos que impulsaron el tchoukball en España: fueron ellos quienes, con un proyecto a largo plazo, apostaron por integrar a los más jóvenes como compañeros y rivales en la liga regular.
Como dice uno de nuestros eslóganes preferidos «Al tchoukball jugamos todos».